La historia del pederasta condenado a trabajar en una guardería infantil

El pederasta de 41 años, cuyo nombre no se nos comunica porque "hay que protegerlo contra el qué dirán, que la gente es muy mala, y la cosa ya empieza a ser terrible, porque si por abusos graves de menores con reincidencia la pena es de 3.000 euros, la cuestión es que el delito de abuso de menores no debe ser un delito muy grave...".
Justicia... 
 
Pero la historia no acaba ahí, porque el individuo en cuestión se declaró insolvente con lo que el juez lo condenó a una pena sustitutoria de 720 horas de trabajo social. Y para cumplirlo se le asignó una granja, pero el pedófilo alegó que no podía cumplir tareas pesadas por prescripción médica. Tras ello expresó su voluntad de cumplir la sanción en una guardería, a lo que la asistenta social, al parecer desbordada de trabajo, accedió, según informa el diario Neue Osnabrücker Zeitung.

Y la cuestión es que los funcionarios públicos están tan poco acostumbrados a trabajar que en cuanto tienen que hacerlo se sienten desbordados. O sea, y visto desde otro punto de vista, lo funcionarios públicos son siempre los menos productivos de los trabajadores.

De hecho, una sociedad es tanto más productiva cuantos menos impuestos cobre. Y es que cuantos menos impuestos cobre menos funcionarios puede contratar. Y cuantos menos funcionarios tiene una sociedad más efectiva es. Y eso sin considerar otro factor añejo a los funcionarios públicos: como es la corrupción.

Es más, no nos extrañaría que una sociedad fuese más productiva si a los funcionarios se les siguiera pagando el sueldo a cambio de no hacer nada; a cambio de irse a casa.

Muchos pensarán que estoy exagerando, que de un error de un funcionario no se puede generalizar a toda la clase funcionarial. Sin embargo, a todo el que conoce en la práctica el funcionamiento de la administración pública de cualquier lugar sabe hasta qué punto no estoy exagerando. Es verdad que hay funcionarios honrados, trabajadores y productivos, pero esta rara avis nace de una decisión propia no de la institución misma.

Hay, es verdad, funcionarios honrados, trabajadores y productivos, pero sólo porque son buenos chicos y no porque la estructura se lo imponga.

De hecho, esos funcionarios honrados, trabajadores y productivos podrían ser tan sinvergüenzas como el resto de los funcionarios si quisieran.
 
 

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